Ulises

sábado, 21 de enero de 2012

Hace no mucho (unos minutos, para ser exáctos) y no muy lejos de aquí (en la entrada anterior, por si lo quereis mirar) alguien cuya identidad desconozco me ha lanzado una petición: que os hable un poco de Ulises.
Como no podía ser menos, aquí estoy dispuesta a hacerlo, pero está claro que de una forma un poco diferente a como lo haría otra persona. Cualquier humano normal a quien le pidierais que hablara de su mascota os la describiría más o menos así:
"Pues es un gato, super mono, ha crecido mucho y está muy juguetón, siempre me está haciendo monerias y el otro día.....bla bla bla"
Yo no soy un humano normal (pero eso ya lo sabeis) así que espero que no os decepcione mi particular descripción sobre mi compañero de viaje.

"Como cualquier ser vivo de este planeta, no recuerdo de mi nacimiento más que lo que me han contado. Por lo que sé, nací en la calle. Mi madre nos dio a luz a mí y a mis tres hermanos y luego desapareció, dejándonos bajo unas escaleras. De mis tres hermanos, uno de ellos no sobrevivió a las siguientes horas y los demás no teníamos muchas posibilidades, pero la suerte o el destino hicieron que nos encontraran, nos recogieran de la calle y nos acogieran en una casa cercana. Cuando llegamos, y esto si que puedo recordarlo con más claridad, no fue facil adaptarse. La casa estaba llena de gente y animales todo el rato: perros, gatos, conejos, pajaros que no paraban de armar jaleo, y, por supuesto, un par de crios que revolucionaban a todo el mundo cada dos por tres. Mis hermanos hicieron piña y se protegian el uno al otro, se adaptaron a la dinámica y empezaro a comportarse como parte de la familia. Yo la verdad es que siempre fui más independiente y, por qué no decirlo, algo más travieso.
De repente decidieron que aquel no era mi sitio, así que me mudé con una chica joven que acababa de alquilar un piso para ella sola. Al principio todo fue un poco raro: yo nunca habia estado en un lugar tan tranquilo y ella no sabía lo que era vivir con alguien como yo. Pero poco a poco nos fuimos adaptando el uno al otro y no va mal la cosa.
Como en cualquier otra parte, la convivencia tiene momentos duros, nos peleamos y nunca acabamos de saber quien de los dos tenía razón, pero tampoco es importante, porque acabamos haciendo las paces bastante rápido.
No puedo quejarme, me deja moverme a mis anchas, sin pedir explicaciones y sin reproches, me mantiene y me mima (cuando le dejo, porque mira que pueden ser pesadas las tias a veces). Ha pasado casi un año desde que estoy aquí con ella y la verdad es que estoy bastante contento, he crecido muchisimo y ella no hace más que decirme que he he subido de peso, así que me dedico a hacer todo el ejercicio que puedo: corro de un lado a otro, escalo, salto (desde diferentes alturas) e incluso he llegado a probar la caida libre de 3 pisos desde la ventan un par de veces, pero no acaba de convencerme tener que esperar en la puerta hasta que ella llegue.
Hemos creado un lenguaje que nos permite comunicarnos mejor, así que cuando tengo algún problema no tengo más que utilizarlo. Suelo ser obediente, porque me conviene, pero hay momentos en que paso bastante, me gusta estar solo y no me apetece que me molesten, pero gracias a nuestra comunicación, creo que ya ha aprendido a identificar esos momentos.
De vez en cuando viene visita y hay quien me cae mejor y quien me cae peor: tiene muchos amigos, unos más especiales que otros, y algunos a los que no les caigo nada bien, pero no deja que se metan conmigo, me protege y les insulta para defenderme: mola ver a alguien sacando las uñas por ti ;)
Y creo que no puedo contaros mucho más, os dejo una foto que me sacó hace poco, mira que sabe que me molesta el flash, pero tengo que reconocer que salgo bastante favorecido en esta ^^
Un mordisco cariñoso, nos vemos por aqui ;) "


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Jaja que gracioso!! Que riquiño!! Muchas gracias Emma!! A ver para cuando otra entrada!!:-)

Inés García Martín dijo...

Eres un espécimen bastante curioso, y sí, me dirijo a tu dueña, Ulises...

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